Planteamiento del Problema

Las universidades y las prisiones se encuentran entre las instituciones más poderosas del mundo actual; sin embargo, las limitaciones en su capacidad para construir sociedades justas y humanas son cada día más evidentes. Los actores que forman parte de ambos sistemas (educativo y penitenciario/de justicia) se sienten, frecuentemente, alienados, objetivados y pesimistas en cuanto a la posibilidad de lograr cambios sociales.

La educación superior, desde hace ya varias décadas, se ha enfocado en el logro individual y ha enfatizado el desarrollo profesional, cuando, en realidad, su meta principal es la de ofrecer al estudiante las herramientas necesarias que le permitan obtener un empleo seguro al graduarse. Cuando la educación se centra sólo en los logros individuales y profesionales, los estudiantes pueden encontrarse sin las habilidades necesarias para enfrentarse al mundo, establecer relaciones igualitarias y convertirse en participantes activos dentro de una sociedad democrática. Además, los estudiantes egresados de la universidad no están, a menudo, preparados para pensar y analizar críticamente los sistemas sociales en los que se encuentran inmersos.

Por otro lado, son muchas las partes del mundo en donde la población carcelaria crece a un ritmo acelerado, rebasando incluso el ritmo de crecimiento de la población general. Existen 2.2 millones de personas – cifra preocupante – tras las rejas sólo en los Estados Unidos, la nación con la tasa de encarcelamiento más alta del mundo. Sin embargo, el costo de castigar y contener individuos no es meramente financiero; también es social, puesto que las sociedades se excluyen a sí mismas, tanto de los talentos (perdidos) de aquellas personas que pasan la mayor parte de sus vidas tras las rejas, como de las voces de quienes podrían contribuir socialmente. La inclusión de estas voces se hace aún más importante dado que las personas encarceladas provienen, desproporcionadamente, de sectores vulnerables y marginados.

Estos problemas nos afectan a todos y las causas subyacentes son muchas, siendo de las principales los sistemas de exclusión económica y social. Todos somos responsables por el espiral de miedo, alienación, violencia, delincuencia, empobrecimiento y encarcelamiento del cual nuestro mundo parece no poder salir. Es imperativo que reconsideremos la forma en la que enfocamos estos problemas de manera que todas las voces sean incluidas en el proceso.

Inside-Out reconoce la exclusión social que los sistemas de educación superior y penitenciarios pueden producir y/o reproducir. Debido a esto, el programa facilita y fomenta el vínculo entre estas dos instituciones para crear espacios que promuevan el compromiso cívico y social. Inside-Out es un modelo de educación que permite que personas encarceladas y no encarceladas se encuentren entre sí y se reconozcan como seres humanos. Además, habilita un diálogo que atraviesa barreras sociales haciéndose transformador y permitiendo que los conflictos sean abordados desde nuevas y/o distintas formas. El énfasis en el aprendizaje colaborativo invita a las personas de ambos lados de las paredes de la prisión (adentro-afuera) a asumir un rol activo en el análisis crítico del crimen, la justicia y otros asuntos de interés social.


Alcatraz

“He visto que mi curso, que se enfoca en el estado de ciudadanía y sus efectos en la creación de desventajas sociales, ofrece los mismos o más desafíos académicos para los estudiantes (universitarios) que sus otras clases, porque tienen que mantenerse al nivel de seriedad intelectual y compromiso personal que demuestran los estudiantes encarcelados.”
(Instructor de Inside-Out)